Son las seis menos cuarto de la mañana. Entro a la nave, ficho, y antes de quitarme la chaqueta ya sé que el día va a ir torcido. El pedido de ayer salió con la referencia cambiada. Otra vez. Y nadie sabe por qué, porque “eso lo lleva Mari en un Excel” y Mari libra hoy.

Veinte años así. De los de mancharse las manos.

Yo no soy un tío que estudió. Dejé los libros a los 16 porque no quería saber nada de ellos. Y mira, a los 38 me dio por aprender. Tarde, dicen algunos. A mí me da igual lo que digan.

Lo que cambió

Hace año y medio empecé a trastear con IA por las noches. Turno de noche, ratos muertos, el móvil, luego el portátil. No buscaba montar una empresa. Buscaba entender por qué a mí, que llevaba media vida viendo procesos rotos, nadie me había dado nunca una herramienta que los arreglara de verdad.

Y resulta que ahora la herramienta existe. Y resulta que la persona que mejor la usa no es el ingeniero que nunca ha pisado una planta. Es el que ha vivido el problema y encima sabe pedírselo a la máquina.

Construí un ERP. Se llama Adruz. No lo compré, lo levanté yo dirigiendo a la IA. Luego una app para un estudio de Pilates, Áurea, que tenía que estar funcionando antes de que abrieran las puertas. Y un chatbot de ciberseguridad para empresas, CyberSafety.

Software real. Que la gente usa. No demos bonitas para enseñar en una feria.

Por qué te lo cuento

Porque cuando buscas a alguien que te digitalice la empresa, te vas a encontrar dos tipos.

El primero viene de un despacho. Habla muy bien. Te suelta lo de la “transformación digital” y lo del “ecosistema de soluciones”. Nunca ha tenido que explicarle a un operario de 55 años, que lleva 30 con el cuaderno, por qué ahora tiene que meter los datos en una pantalla. Yo sí.

El segundo es un crack técnico. Te monta una maravilla. Pero la maravilla está pensada para cómo cree él que funciona tu nave, no para cómo funciona de verdad un martes a las dos, cuando entran tres pedidos a la vez y el de carretillas está de baja.

Yo vengo del suelo. Esa es toda la diferencia. Y no es poca.

Lo que esto significa para tu pyme

Significa que no te voy a vender humo, porque el humo lo he comprado yo de joven y sé lo que escuece.

Significa que cuando te diga “esto no lo automatices todavía”, es porque lo he visto reventar.

Y significa que cuando metamos IA en tu empresa, va a ser donde aporta. No para presumir en LinkedIn de que usas IA. Para que el pedido de las seis de la mañana salga bien.

Sigo a turnos, por cierto. Mañana me toca tarde. Construyo entre medias, como puedo, con dos críos y una mujer que aguanta lo suyo. Te lo digo para que sepas que esto no es marketing. Es mi vida.

Menos humo, socio. Más cosas que funcionan el lunes.


Sigue tirando del hilo: por qué las pymes compran software caro que nadie usa y por qué la IA sin alguien que sepa es una bomba de relojería.

¿Quieres a alguien que mire tu empresa desde el suelo y no desde el despacho? Eso es lo que hago en el diagnóstico de 14 días con garantía. Si no saco mejoras medibles, te devuelvo el dinero.